-Todo pasa por algo- Un relato de Puri Ramos

by - junio 16, 2019





Arena estaba cansada de la vida. Le resultaba demasiado larga pese a tener tan solo 32 años. A priori, no debía quejarse, presentaba todos los ingredientes para sonreír (al menos lo que la sociedad estipulaba necesario para ser feliz...). Era bella e inteligente. Mucho. Su larga melena roja era la guinda de un pastel de 1,75m. de altura, enormes ojos marrones y una preciosa complexión atlética. No en balde la apodaban “la Amazona”. Y sí, era una luchadora…

Desde hace años, su rictus permanecía serio. Cual las mitológicas guerreras, nuestra amiga estaba rodeada de mujeres, aunque le faltaba una: Ariadna. Arena no concebía el mundo sin ella, su amada compañera de fatigas, alegrías y pesares. Una mañana, sin saber por qué, había desaparecido. Sin una carta, una explicación… sin un miserable adiós…

No podía comprenderlo. Después de tantas experiencias juntas, tantos momentos compartidos… la nada. El vacío más absoluto. Tal devastación de sentimientos fue, poco a poco, apoderándose de su alma. Su energía vital la tornó un personaje triste y melancólico que miraba con recelo a cualquiera que osara acercarse…

Solo encontraba algún consuelo cuando leía. Se olvidaba de cuanto la rodeaba. Tomaba en brazos a Ezequiel, su fiel dragón de peluche que la acompañaba desde niña. Ajado y desgastado por el paso de los años, la tela tenía zonas blanquecinas por el uso… “Heridas de guerra” le decía Arena a su
compañero mientras lo abrazaba y le hacía confesiones que a nadie más relataría… Si aquel pequeñajo hablara…

Y así pasaban los días, las tardes, las noches… los años…

Una mañana en que se encontraba especialmente alicaída, decidió acercase a un zoológico cercano. No le gustaba su estado de ánimo y luchaba con todas sus fuerzas por respirar un poco. Era una faena estar así, pero sabemos que hay imponderables difíciles de manejar…

Pasear entre los bichillos le hacía sentir mejor. Le entristecía verlos encerrados en sus jaulas, es cierto, pero siempre recordaba la película “Huracán Carter”

(“Ajustaré el tiempo a mi propio reloj, cuando la prisión esté despierta yo dormiré, cuando ellos duerman yo estaré despierto, no voy a vivir en su celda, en mi corazón, sólo en mi mente y en mi espíritu”). Caminaba sin rumbo pensando en tales deliberaciones, cuando se encontró parada frente a la jaula de los chimpancés de Ceilán…

- ¡Bribón! ¡¡Ven!! ¡¡Hora del baño!! ¿Será posible que nunca puedo contar con este maldito animal para nada?

Profería tales alaridos el cuidador del pequeño primate, intentando llamar su atención, pero nada. Se resistía…

Fue entonces cuando Arena levantó la cabeza, alertada por los gritos. Encontró frente a ella unos indiscretos ojos oscuros que la miraban directamente a los suyos. Penetrantes. Interrogantes. Curiosos. Sin hablar, lo decían todo. Hubo una conexión inmediata entre homínido y humana. Supo que esa sería su meta vital, pasara lo que pasara, lo rescataría y se lo llevaría todo lo lejos que pudiera. No merecía tan triste destino.

Sin quererlo, Bribón se volvió su esperanza, su energía, su lucha diaria… En el camino, conoció a Diana. Una zoólogo activista en pro de los derechos de los animales que la guió en su hazaña y la acompañó el resto de su existencia…

Twitter: @PuriRV

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2 comentarios

  1. Me ha gustado mucho el texto. El mensaje que transmite, o que yo he extraído de el...: Siempre aparece un motivo que sustenta nuestra vida y una persona para compartirlo.
    Alicia Adam (Submarino de hojalata)

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  2. Fantástico. Mi querida Puri es la experta en historias de reciliencia y recobro de la esperanza perdida. Siempre hay una luz al final del túnel, que ella ha sabido relatar espléndidamente en esta magnífica historia. Gracias por este texto 👏👏👏

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